Mozart

BANDA MUNICIPAL DE MÚSICA DE GRANADA

Ciclo «En los templos».
9 de noviembre de 2018, 20.15 horas, Basílica de san Juan de Dios.
Yu Jung Chung, percusión (K. 331/300i); Pablo Conejo Mancebo (K. 447), Sergio Cuartero Vargas (K. 386b), trompas; Aurora Palomar Manzanaro (K. 165/158a), soprano. Director: Carlos Atienza Abarca.

PROGRAMA:

1. Casación en sol mayor, K. 63: III. Andante

2. Concierto para trompa y orquesta n.º 1 en re mayor, K. 386b

I. Allegro K. 412
II. Rondó (Allegro) K. 514

3. Sonata para piano (∗) n.º 11 en la mayor, K. 331/300i: III. Rondó alla turca

4. Concierto para trompa y orquesta n.º 3 en mi bemol mayor, K. 447

I. Allegro
II. Romance (Larghetto)
III. Allegro

5. Exultate, jubilate (motete), K. 165/158a

(∗ transcripción para xilófono y banda)

Esta temporada, nuestra tradicional singladura otoñal por los templos granadinos se iniciará con un concierto dedicado a uno de los máximos iconos artísticos de la cultura humana con mayúsculas: el compositor Wolfgang Amadeus Mozart (Salzburgo, 1756 – Viena, 1791). Del genio y de la figura de Mozart poco podremos descubrir en estas breves notas. En el acervo popular y en el imaginario colectivo han permeado su condición de niño prodigio por excelencia, su infancia explotada a causa de la ambición de su padre, las reiteradas humillaciones por parte de sus superiores o las penurias económicas, y también sus arrebatos de soberbia, su lenguaje soez y actitud aniñada o su muerte prematura. Sí nos gustaría añadir ─desde nuestra perspectiva de músicos e instrumentistas─ que, bajo la turbadora perfección de sus creaciones y su apariencia de sencillez y naturalidad, se esconde un universo portentoso de estructuras y matices que suponen una piedra de toque sumamente exigente para la musicalidad de cualquier intérprete, además de una fuente inagotable de placer artístico para cualquier audiencia. Esperamos que disfruten.

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Retrato de un niño, se cree que representando a un jovencísimo Wolfgang. Óleo atribuido a Jean-Baptiste Greuze, París, 1763. Cinco de los hermanos de Mozart y cuatro de sus hijos no alcanzaron la edad adulta. Era un mundo sin Jenner, Fleming o Pasteur.

Durante los años de infancia y adolescencia de Mozart, el término casación estuvo en boga en Austria y el sur de Alemania como un modo de designar a una forma musical estrechamente emparentada con el divertimento, la serenata o el nocturno. Al igual que estos, se trataba de piezas destinadas al entretenimiento de los oyentes mientras tenía lugar un banquete o una reunión social, muchas veces al aire libre, o usadas para agasajar a algún ser querido o personalidad importante ante su residencia. En realidad, las diferencias entre estas formas eran mínimas, y el uso de una denominación u otra parecía depender sobre todo del uso planeado y del horario previsto (en ocasiones incluso se combinaban los distintos vocablos, como hizo el propio Mozart con serenata notturna). Aunque había mucha laxitud en cuanto a la forma final adoptada, las serenatas, divertimentos y casaciones constaban de varios movimientos agrupados en forma de suite, habitualmente enmarcados entre una marcha inicial y otra final que servían como entrada y salida de los músicos. Se procuraba alternar joviales minués con episodios lentos de mayor intimidad, a los cuales el compositor reservaba su inventiva más refinada. Uno de estos movimientos lentos, el Andante de la Casación en sol mayor, K. 63, (escrita por Mozart en 1769, a los 13 años) será el que nos sirva para abrir el concierto. En él, podremos escuchar una primorosa melodía desgranada apaciblemente por las dos voces superiores mientras el resto de los instrumentos elabora un delicado acompañamiento en pizzicato ─que, completando el círculo, traerá inevitablemente aparejadas connotaciones de serenata cantada acompañada por los ocasionales laúd, guitarra o mandolina─.

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Colegiata de la Universidad de Salzburgo. Es muy probable que la Casación K. 63 se interpretase durante los actos de fin de curso celebrados en agosto de 1769.

Al igual que ocurría con las obras ya comentadas, los conciertos para instrumentos de viento de Mozart también fueron, en su mayoría, trabajos de ocasión motivados casi siempre por encargos específicos, con exigencias particulares y, en estos casos, además, teniendo en mente a un intérprete concreto cuyas virtudes y carencias imponían límites que no convenía sobrepasar. Incluso en estas circunstancias ─y para perplejidad nuestra, tratándose de piezas siempre amables, compuestas con prisas y que buscaban por encima de todo agradar─, la genialidad del salzburgués nunca dejó de producir músicas admirables preñadas de la apabullante inventiva melódica, armónica y tímbrica que tanto incomodaba a muchos de sus poco habituados contemporáneos y que tanto deleite proporciona a nuestros oídos. En el caso de los conciertos para trompa (escritos ya en la última década de vida del compositor) el destinatario fue Joseph Ignaz Leutgeb (c. 1745 – 1811), amigo de la familia Mozart desde la infancia de Wolfgang y uno de los más destacados trompistas de su época. Conviene recordar que la trompa que conocieron compositor e intérprete era sustancialmente distinta a nuestras modernas trompas de válvulas, con su capacidad cromática completa y la homogeneidad y exquisitez tímbricas a lo largo de todo su registro. A finales del siglo xviii aun se usaba la trompa natural, poco más que una trompa de caza perfeccionada, sin válvulas y cuyo timbre variaba enormemente entre las notas «abiertas» (producidas variando la presión del flujo del aire) y las «tapadas» (que requerían, además, taponar el pabellón con la mano y de sonoridad más ruda y acre que las anteriores). Esta no era una cuestión baladí: hacer sonar bien una trompa se consideraba (y, realmente, aun se considera) una cuestión endiabladamente complicada. A pesar de todas estas peculiaridades y dificultades, Mozart (como invariablemente sucede con él) se manejó confortablemente y produjo una serie de deliciosos conciertos sin renunciar en absoluto a sus elevadas pautas artísticas.

El Concierto para trompa n.º 1 en re mayor, K. 386b consta de solo dos movimientos en lugar de los tres habituales en esta forma musical. Los musicólogos no acaban de ponerse de acuerdo ni sobre el momento de su composición (con fechas tan alejadas como 1782 y 1791) ni sobre la cuestión de si este es un verdadero concierto o si se trata de dos pequeñas piezas (Allegro y Rondó) compuestas de modo independiente que acabaron asociadas por las circunstancias. Sea como fuere, este concierto es un ejemplo perfecto de cómo Mozart era capaz de aunar los pasajes más estimulantes y las sonoridades más íntimas, con los placenteros fraseos del solista elevándose serenamente sobre el liviano acompañamiento orquestal y el uso repetido de animados motivos rítmicos y melódicos que invocan los orígenes cinegéticos del instrumento (una constante, de cualquier modo, en la literatura para trompa). En el manuscrito original del Rondó, haciendo gala de una de sus particularidades de carácter, Mozart anotó una completa retahíla de improperios dirigidos a su amigo Leutgeb, quien debía tener, o bien una relación muy fluida con el compositor, o bien muchísima paciencia para tolerar tal colección de afrentas: «Despacio, señor burro – Ánimo – Vamos, valor – ¡Ah, qué desafinación! – ¡Tocapelotas! – ¡Respira un poco! – ¡Vamos, vamos! – ¡Oh, puerco infame! – ¡Venga, acaba ya, por favor! – ¡Bravo, pobrecito! – ¿Acabas ya? – ¡Gracias al cielo! – ¡Basta, basta!». Por su parte, el Concierto para trompa y orquesta n.º 3 en mi bemol mayor, K. 447 se considera el más elaborado del ciclo. En los dos movimientos rápidos, el Allegro inicial, en 4/4, y el final, en 6/8, el solista tiene la oportunidad de lucirse enfrentándose a una serie de pasajes virtuosísticos con la opción de insertar episodios cadenciales. La Romanza central, un Larghetto, se manifiesta como uno de los momentos más cautivadores de toda la producción mozartiana, a lo largo del cual el refinamiento de la línea melódica y la nobleza del timbre de la trompa son capaces de imbuir al oyente de una gran serenidad y paz interior.

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Trompa natural de finales del siglo xviii, con toda su parafernalia de tudeles y bombas de afinación.

Desde el primer sitio de Viena por las tropas del Imperio Otomano, el Occidente europeo había quedado fascinado por la sonoridad y el impacto visual de las bandas militares que las acompañaban. Ya en el siglo xviii, animados por este interés por lo exótico, un creciente número de músicos turcos comenzó a desplazarse para trabajar en distintas capitales europeas, y la popularidad que alcanzaron hizo que muchos compositores de música artística incluyesen pasajes indicados alla turca en sus obras. En estas secciones, el público podía disfrutar del efecto euforizante generado tanto por la recreación de melodías y ritmos orientalizantes como del color instrumental aportado por flautines, triángulos, platos de choque, campanas y tambores. Algunos ejemplos ilustres son los de Gluck, en sus óperas Le rencontre imprévue y Alceste; Haydn, en su ópera Lo speziale; o Beethoven, que insertó dichas secciones en su obertura Las ruinas de Atenas y en el movimiento final de su Novena Sinfonía; mientras que Louis Spohr, directamente, compuso un nocturno para instrumentos de viento y banda turca. Mozart, además de elegir temas turcos en su ópera El rapto en el serrallo, usó el estilo en el Rondó alla turca con el que finaliza su Sonata para piano n.º 11 en la mayor, K. 331/300i, un fragmento musical inmediatamente identificable por su sinuosa línea melódica, su particular acompañamiento rítmico y sus mordentes y grupetos ornamentales. En la extensa coda, donde con mayor claridad se persigue reproducir el estruendo ensordecedor de las bandas militares jenízaras, se cita uno de los temas que usó Gluck en la citada ópera Le rencontre imprévue. Nuestra compañera percusionista Yolanda Chung tendrá ocasión de exhibir su pericia con los instrumentos de láminas interpretando al xilófono esta archiconocida Marcha turca.

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Una de las consecuencias de la expansión otomana por Europa fue la popularización del café y la apertura de numerosos establecimientos que lo servían. En la imagen, interior del Café Tomaselli, en Salzburgo, donde Wolfgang solía acudir a tomar leche de almendra.

A finales de 1772, un Mozart de tan solo 16 años y su padre Leopold iniciaron el que sería su tercer y último viaje por Italia. En propiedad, estos viajes consistían más bien en giras de conciertos, actividades promocionales e intentos por conseguir un empleo estable para el compositor (las actitudes dictatoriales de Colloredo, el nuevo arzobispo de Salzburgo para el que trabajaba el joven Wolfgang, no hacían sentirse nada cómodos a los Mozart). El plato fuerte de esta peregrinación fue el estreno de la ópera Lucio Silla, K. 135 en Milán, por entonces bajo mandato austríaco. Allí, Mozart quedó maravillado de la voz y la sensibilidad de uno de los protagonistas, el castrato Venanzio Rauzzini, de quien declaró que «canta como un ángel». Solo tres semanas después, el cantante presentaba ante el público milanés la pieza Exultate, jubilate, K. 165/158a, un breve motete a solo en varios movimientos que el joven compositor le escribió. En el Allegro que abre la pieza se establece la atmósfera de gozo agradecido que emana del texto anónimo en latín, ya expresado desde los versículos iniciales: «Regocijaos, alegraos, / vosotras, almas dichosas / que entonáis dulces cantos. / Respondiendo a vuestros cánticos, / los cielos se unirán a mí». Un brevísimo Recitativo da paso a la serie de variaciones que constituyen el movimiento lento, indicado Andante. La composición concluye con un Molto Allegro ─construido enteramente alrededor de la palabra ’aleluya’─ que demanda notables proezas técnicas al cantante. Escuchando este radiante y jubiloso final, se entiende perfectamente por qué tantas sopranos han elegido esta pequeña cantata como pieza de bravura a través de la cual lucir su virtuosismo vocal y su excelencia interpretativa.

#redacción @BMMGRA

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La música en los homenajes a Mariana Pineda (1836-1936)

En 1836, cinco años después de su ejecución en el patíbulo instalado en el Campo del Triunfo, comenzó a ser reivindicada la figura de Mariana Pineda. Odas, poemas, dramas teatrales, artículos de prensa, biografías, piezas musicales, pinturas, inscripciones y monumentos fueron apareciendo en los años de predominio liberal o progresista y declinando o desapareciendo cuando eran los conservadores o los regímenes dictatoriales los que ocupaban el poder.

Desde el primero —y quizá el más entusiasta— de los homenajes, la música ocupó un papel destacado. En las exequias celebradas en la catedral, Vicente Palacios, el veterano y ya muy enfermo maestro de capilla, hizo un esfuerzo sobrehumano para dirigir el que fue su último acto al frente de la capilla metropolitana. Junto a los músicos, participaron los prestigiosos cantantes solistas de la compañía de ópera y la orquesta del teatro Principal. Por la noche, en la velada-homenaje en el coliseo del Campillo, se interpretó un himno fúnebre de Domingo Martín, director de la Banda del Primer Batallón de la Guardia Nacional y excelente flautista gallego afincado desde hacía años en Granada, con letra del batidor de la Caballería Nacional Vicente Moreno Bernedo. Tres bandas militares desfilaron en los pasacalles al son de himnos patrióticos, vitoreados por un arrebatado pueblo que portó enseñas y banderas con referencias a la recuperada constitución.4. M.Pineda-1831

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A la mujer (I)

BANDA MUNICIPAL DE MÚSICA DE GRANADA

«Música en torno a Mariana. A la mujer (i)»

Viernes, 11 de mayo de 2018, 19.30 horas. Atrio del Real Colegio Mayor de San Bartolomé y Santiago.

Pepe Cantero, recitador; Elisa Urrestazaru Capellán, saxofón alto. Banda Municipal de Música de Granada. Directora: Silvia Olivero Anarte.

PROGRAMA:

1. Amparo EDO BIOL   Cleopatra

2. Adriana Isabel FIGUEROA MAÑAS   La historia de la Tierra

3. Ida GOTKOVSKY   Symphonie de printemps

II. Automne – Poétique
IV. Eté – Final

4. Paul CRESTON   Concerto for saxophone and band, op. 26b

I. Energetic
II. Meditative
III. Rhythmic

Además de compositora, Amparo Edo Biol (Valencia, 1988) es también directora de orquesta y trompista. Tras graduarse con premio fin de carrera en el Conservatorio Superior Joaquín Rodrigo de Valencia, se trasladó becada a Boston para estudiar en el prestigioso Berklee College of Music, donde se graduó summa cum laude en las especialidades de Composición para Medios Audiovisuales y Dirección Orquestal. Actualmente desarrolla una rica y diversa actividad musical aprovechando la bulliciosa industria del entretenimiento del área de Los Ángeles. Según comenta la autora, Cleopatra (2015) «es un poema sinfónico que describe atmósferas asociadas al personaje que pone nombre a la obra. El uso de una armonía por cuartas superpuestas, que alterna con pasajes desarrollados ampliamente a partir de tríadas mayores, aporta la necesaria versatilidad a un lenguaje que describe a la perfección desde momentos majestuosos llenos de intriga hasta temas de gran sensualidad o episodios marciales: la grandiosidad, en definitiva, que emana de esta figura histórica».

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Amparo Edo Biol ante la icónica The Film Strip U.S.A. Fountain (Culver City, Los Angeles County).

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Música europea para banda

BANDA MUNICIPAL DE MÚSICA DE GRANADA

Ciclo «Música original para banda»

Domingo, 22 de abril de 2018, 12:15 horas. Real Colegio Mayor de San Bartolomé y Santiago.

Banda Municipal de Música de Granada. Director: Juan José Solá Palmer.

PROGRAMA:

1. Camillo DE NARDIS   Il Giudizio universale
2. Serge LANCEN   Manhattan Symphony

I. Arrival in Manhattan
II. Central Park
III. Harlem
IV. Broadway
V. Rockefeller Building

3. Johan DE MEIJ   Continental Overture
4. Frigyes HIDAS   Suite para banda

I. Moderato festivo
II. Allegro scherzando
III. Lento lugubre
IV. Vals

5. Philip SPARKE   Invictus (The Unconquered)

Resulta bastante obvio que no existe repertorio más idóneo para un conjunto determinado que aquel compuesto originalmente para el mismo. Por lo que respecta a las bandas de música, si dejamos de lado una incesante labor de transcripción y adaptación del repertorio sinfónico y operístico más conocido —y, en el caso de España, también del zarzuelístico—, las obras escritas para las mismas, sin dejar de tener valía, solían consistir en piezas de marcha, o de carácter más popular, o tratarse de formas menores o de no demasiada calidad. Era este un corpus relacionado con el carácter militar, religioso o festivo asociado a estas agrupaciones. Sin embargo, conforme avanzaba la segunda mitad del siglo xx, y debido al creciente nivel artístico de muchas bandas y a la profesionalización de algunas de ellas, no han sido pocos los compositores que han decidido abordar la creación de piezas de mayor calado y exigencia interpretativa, tratando a estos grupos de viento como un vehículo sinfónico maduro y desarrollado. Continuamos con este concierto el pequeño ciclo de música original para banda que iniciamos hace unas semanas invitando a varios directores y directoras con la capacidad necesaria para llevarlo a buen puerto, en esta ocasión con un programa que visitará la obra de un selecto ramillete de algunos de los mejores autores europeos especializados en este campo. Si bien persiste la creencia de que el público prefiere reconocer a conocer, no dudamos del impacto estimulante y enriquecedor que este tipo de repertorio pueda aportar. Confiamos en que el periplo sonoro, además de original, atrevido, novedoso e imaginativo, resulte tan estimulante y enriquecedor para el público que lo escuche como lo es para quienes lo interpretamos, pues no hay músico que no desee tocar siempre una línea lo más interesante posible. Sigue leyendo

Música original para banda I

BANDA MUNICIPAL DE MÚSICA DE GRANADA

Ciclo «Música original para banda»

Domingo, 8 de abril de 2018, 12:15 horas. Real Colegio Mayor de San Bartolomé y Santiago.

Banda Municipal de Música de Granada. Director: Bartolomé Pérez Botello.

PROGRAMA:

1. Camille SAINT-SAËNS  Orient et occident, op. 25

2. Percy GRAINGER  Irish Tune from County Derry – Shepherd’s Hey

3. Paul HINDEMITH  Symphony in B flat

I. Moderately fast, with vigor – Molto agitato
II. Andantino grazioso – Fast and gay
III. Fugue: rather broad

4. José Manuel FERNÁNDEZ PÉREZ  En un lugar de la Mancha…

5. Bartolomé PÉREZ BOTELLO  XXV

Resulta bastante obvio que no existe repertorio más idóneo para un conjunto determinado que aquel compuesto originalmente para el mismo. Por lo que respecta a las bandas de música, si dejamos de lado una incesante labor de transcripción y adaptación del repertorio sinfónico y operístico más conocido —y, en el caso de España, también del zarzuelístico—, las obras escritas para las mismas, sin dejar de tener valía, solían consistir en piezas de marcha, o de carácter más popular, o tratarse de formas menores o de no demasiada calidad. Era este un corpus relacionado con el carácter militar, religioso o festivo asociado a estas agrupaciones. Sin embargo, conforme avanzaba la segunda mitad del siglo XX, y debido al creciente nivel artístico de muchas bandas y a la profesionalización de algunas de ellas, no han sido pocos los compositores que han decidido abordar la creación de piezas de mayor calado y exigencia interpretativa, tratando a estos grupos de viento como un vehículo sinfónico maduro y desarrollado. Iniciamos con este concierto un pequeño ciclo de música original para banda para el que hemos invitado a varios directores y directoras con la capacidad necesaria para llevarlo a buen puerto. Si bien persiste la creencia de que el público prefiere reconocer a conocer, no dudamos del impacto estimulante y enriquecedor que este tipo de repertorio pueda aportar. Confiamos en que el periplo sonoro, además de original, atrevido, novedoso e imaginativo, resulte tan estimulante y enriquecedor para el público que lo escuche como lo es para los músicos que lo interpretamos. Sigue leyendo

Miserere de Granada

BANDA MUNICIPAL DE MÚSICA DE GRANADA
Ciclo «Semana Santa»
22 de marzo de 2018 a las 20.15 horas, Basílica de San Juan de Dios.

Aurora Palomar (soprano), Anni Raunio (mezzo), Ángel Molina (tenor). Banda Municipal de Música de Granada. Director: Carlos Atienza Abarca.

PROGRAMA: Miserere, de Vicente Palacios

  1. Miserere
  2. Amplius
  3. Tibi soli
  4. Ecce enim veritatem dilexisti
  5. Auditui
  6. Cor mundum
  7. Redde mihi
  8. Libera me de sanguinibus
  9. Quoniam si voluisses
  10. Benige fac
  11. Tunc imponent

El Miserere en la Semana Santa andaluza. El Miserere de Palacios.

Es de sobra conocida la especial significación cultural y social que la celebración de la Semana Santa ha adquirido tradicionalmente en Andalucía. Una de las formas más destacadas de expresión de esta trascendencia consistió en la interpretación del salmo 50, Miserere, en los oficios de Tinieblas celebrados durante las tardes de los miércoles, jueves y viernes santos. Aunque se trataba esta de una costumbre general en toda España, fue en Andalucía donde llegó a adquirir una relevancia prominente. Sobreviven en varias catedrales andaluzas, especialmente en la de Jaén y la de Córdoba, imponentes misereres escritos durante los siglos xvii y xviii, muchos de ellos compuestos en el estilo policoral propio del Renacimiento y del Barroco que pretendía aprovechar los inmensos espacios de una gran basílica para, por medio de efectos de eco, juegos tímbricos, respuestas antifonales e imbricación de decenas de voces reales, crear una sobrecogedora y dramática impresión en la feligresía.

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El coro de la catedral de Granada (suprimido en 1929) que conoció Vicente Palacios.

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Al músico afligido, no le des más ruido.

Sobre la efectividad de las distintas medidas encaminadas a reducir el nivel de exposición al ruido entre instrumentistas profesionales.

Los efectos de la exposición al ruido y la mayor o menor efectividad de las posibles medidas preventivas o atenuantes han sido ampliamente investigados, tanto en el ámbito laboral (sobre todo en actividades industriales) como en entornos públicos y domésticos. Si bien los hábitos de salud auditiva constituyen un tema que aún no suele ser prioritario, la preocupación ante la evidencia clara de que el ruido intenso y continuado provoca una pérdida gradual de sensibilidad auditiva, aumenta los niveles de ansiedad, empeora la salud general y disminuye la productividad ha conducido a cambios en la legislación y en las correspondientes reglamentaciones destinados a garantizar en la medida de lo posible la protección de profesionales y ciudadanía. En el caso de las personas que nos dedicamos profesionalmente a la música, y siguiendo con la tónica general entre el resto de la población, los elevados niveles de ruido que padecemos son un hecho al que, hasta hace bien poco, no hemos concedido mayor importancia. Se trataba de una característica tan idiosincrática del entorno musical que no solo la aceptábamos como algo inevitable sino que, desde muy temprano en nuestros estudios, se acababa por no percibir a fuerza de hábito. De este modo, se da el caso paradójico de que quienes más necesitamos cuidar nuestros oídos para desempeñar adecuadamente nuestro trabajo también somos quienes más deterioro auditivo sufrimos.

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Alerta aguafiestas: apenas más que un placebo ornamental.

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Ópera y zarzuela con Mariola Cantarero

BANDA MUNICIPAL DE MÚSICA DE GRANADA

«Ópera y zarzuela con Mariola Cantarero»

Domingo, 19 de noviembre de 2017, 20 horas. Auditorio Manuel de Falla.

Mariola Cantarero, soprano. Coro Ciudad de la Alhambra; directora: Elena Peinado. Banda Municipal de Música de Granada. Director: Miguel Sánchez Ruzafa.

PROGRAMA:

1. Pietro MASCAGNI   Intermedio de Cavalleria rusticana
2. Giacomo PUCCINI   Gianni Schicchi: aria «O mio babbino caro»
3. Alfredo CATALANI   La Wally: aria «Ebben? Ne andrò lontana»
4. G. PUCCINI   Madama Butterfly: coro ‘a bocca chiusa’
5. Vincenzo BELLINI   Norma: aria «Casta Diva»
6. Charles GOUNOD   Roméo et Juliette: aria «Je veux vivre»
7. Gerónimo GIMÉNEZ   Intermedio de La boda de Luis Alonso
8. José SERRANO   La canción del olvido: canción «Marinela, Marinela»
9. Manuel FERNÁNDEZ CABALLERO   Gigantes y cabezudos: romanza «Esta es su carta»
10. Amadeo VIVES   Fandango de Doña Francisquita
11. M. F. CABALLERO: Chateau Margaux: vals «No sé qué siento aquí»

A fines del siglo XIX el novelista y dramaturgo francés Émile Zola, partiendo de la transformación y evolución del realismo literario, inauguraba la nueva corriente naturalista, caracterizada por la convicción de que los seres humanos se hallan sometidos a un determinismo social y biológico que —especialmente en los estratos más bajos— les impide vivir de acuerdo con sus deseos. Entre los seguidores de esta tendencia en Italia se encontraba Giovanni Verga, cuya novela Cavalleria rusticana sirvió de base argumental para la ópera homónima de Pietro Antonio Stefano Mascagni (Livorno, 1863 – Roma, 1945). Fue así como nació el verismo, fugaz escuela operística italiana que, aunque pronto diluida en las tendencias postrománticas de Puccini, Giordano o Cilea, sacudió los convencionalismos imperantes y cautivó de inmediato a un público que vio cómo los escenarios se llenaban con personajes de baja extracción, con entornos agrestes y situaciones que gravitaban alrededor de las pasiones más oscuras y brutales, del deseo de venganza, la lujuria y el odio que acaban arrastrando a estos seres hasta la autodestrucción. Cavalleria rusticana (1890), breve ópera en un solo acto con libreto de Giovanni Targioni-Tozzetti y Guido Menasci, supuso un inmediato e inmenso éxito para su compositor. La trágica historia involucra a dos parejas de campesinos, Santuzza y su prometido Turiddu y el matrimonio formado por Lola y Alfio, cuyas infidelidades desembocan en un duelo a muerte entre los dos hombres. El famosísimo Intermezzo suena cuando sobre el escenario se muestra la plaza vacía de la aldea una vez que Alfio se ha enterado de la deslealtad de Lola y ha jurado venganza. Si bien el nuevo estilo musical ya se internaba por los senderos expresionistas, no dejamos de estar ante un episodio de una ópera italiana: pleno de un lirismo altamente emocional y exhibiendo una melodía cantabile de amplio vuelo.

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Escena de Cavalleria rusticana. El momento en que Turiddu muerde la oreja a Alfio como señal de aceptar el desafío a muerte.

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Homenaje a José Faus Rodríguez

BANDA MUNICIPAL DE MÚSICA DE GRANADA

«Homenaje a José Faus Rodríguez»

Domingo, 29 de octubre de 2017, 12:30 horas. Teatro Isabel la Católica.

Antigua Tuna del Distrito Universitario de Granada; Banda Municipal de Música de Granada. Director: Óscar Faus.

PROGRAMA:

1. El rey de los toreros, op. 58, pasodoble (Estampa española n.º 1)

2. Virgen de las Maravillas, op. 57, plegaria

3. Califas de España, op 38, pasodoble (Estampa española n.º 3)

4. Mantillas y monteras, op. 50, pasodoble (Estampa española n.º 4)

5. Fuga en re menor, op. 21

6. Los preámbulos, op. 22a

– La puesta del sol
– Crepúsculo vespertino

7. La Alhambra iluminada, op. 22b, suite-fantasía

– Introducción o ecos en la noche
– Luz y misterio en el patio de los Arrayanes
– Mirando la ciudad desde la torre de la Vela
– Nostalgia árabe
– Velos del harén
– Andalucía alta

8. Motril: playa de las Azucenas, op. 60, marcha

En este 2017 en que conmemoramos nuestros 100 años de existencia, uno de los actos que la Banda Municipal ha considerado como inapelable es la celebración de un concierto dedicado expresamente a homenajear la figura humana y artística de quien fue su director durante más de 30 años y que moldeó la agrupación con su personalidad y su talento: José Faus Rodríguez (Benaguacil, 1913 – Granada, 1984).

Valenciano de origen, José Faus (aun faltaba un tiempo para que fuese entrañablemente conocido como Maestro Faus) comenzó muy pronto sus estudios de solfeo y flauta. Tras ejercer de flauta solista en varias agrupaciones militares —a la vez que seguía adelante con su educación musical— ingresó con 27 años en la prestigiosa Banda del Jefe del Estado. Unos años después, en 1945, fue nombrado flauta solista de la Orquesta Nacional de España. En esta etapa madrileña prosiguió su completísima formación musical estudiando piano, armonía (con Jesús Guridi) y composición (con Joaquín Turina y Ricardo Dorado). Con esta preparación, superó sin problemas las oposiciones para ingresar en el Cuerpo Nacional de Directores de Bandas Civiles, destacando el tribunal su magnífico desempeño en los ejercicios de Composición y Contrapunto y Fuga. Después de un tiempo como director de la Banda de la Unión Musical de Almansa (Albacete), fue en 1953 cuando la ciudad de Granada tuvo la suerte de que José Faus fuese nombrado, por concurso, Director de la Banda Municipal de Música. La comisión evaluadora que juzgó sus méritos y los del resto de aspirantes estuvo presidida por Valentín Ruiz Aznar. Así empezó la afectuosa relación del Maestro Faus con Granada (siempre fue persona de trato cordial y cortesía exquisita) y la sobradamente meritoria labor artística que llevó a cabo en la ciudad durante unos fructíferos 30 años, hasta el día de su muerte. El público y la ciudadanía siempre le devolvieron este afecto cada vez que acompañaron a la Banda en sus actos y conciertos.

A la par de su nombramiento como Director de la Banda, también se le encargó la creación de una Orquesta de Granada, proyecto que nunca llegó a materializarse. Sí tuvo éxito en la formación del Orfeón de Granada, que dirigió y que llegó a contar con un centenar de integrantes. Otra labor que ejerció fue la de crítico musical en el ya inexistente diario local Patria. A los diez años al frente de la banda llegó un momento crítico, pues la misma estuvo al borde de la desaparición debido a que una nueva reglamentación laboral implicaba tener que duplicar el presupuesto destinado a la agrupación. Se tuvo que recurrir a suspender las actividades de la banda y a prescindir de algunos músicos, pero, gracias a la tenacidad del Maestro Faus y al apoyo del alcalde Manuel Sola, se superó la delicada situación. Fueron estos años, estos lustros casi, tiempos difíciles para el colectivo artístico, que bregó incansablemente contra una precariedad encarnada en carencias materiales de todo tipo que dificultaban y limitaban su actividad y su trabajo. Vaya para todos estos músicos, que tanto hicieron por mantener su dignidad profesional, parte del homenaje que se dedica a su director y guía de aquellos tiempos.

Aunque también abundaron los buenos momentos. Uno de los más emotivos tuvo lugar durante los actos de homenaje que la ciudad tributó a su desde entonces Hijo Adoptivo Agustín Lara en junio de 1964. A mediados de ese mes, aprovechando el escenario que se había instalado en el Paseo de los Tristes con motivo de los recién acabados festejos del Corpus, con la Alhambra de fondo, la Banda y su director hicieron sonar la Granada que el mejicano compusiera 32 años antes. Faus ofreció luego la batuta a Lara, quien, visiblemente conmovido, dirigió algunas piezas. Los asistentes a aquel acto siempre recordaron la vibrante intensidad emocional del mismo.

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José Faus y sus músicos de la Banda en 1964, testigos y protagonistas de los actos en homenaje a Rafael Lara (fotografía de Manuel Torres Molina; archivo de Ideal).

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Ópera y zarzuela con Sandra Pastrana

BANDA MUNICIPAL DE MÚSICA DE GRANADA

«Ópera y zarzuela con Sandra Pastrana»

Sábado, 30 de septiembre de 2017, 20 horas. Auditorio Manuel de Falla.

Sandra Pastrana, soprano; Banda Municipal de Música de Granada. Director: Miguel Sánchez Ruzafa.

PROGRAMA:

1. Gerónimo GIMÉNEZ   Preludio de La Torre del Oro

2. Pablo SOROZÁBAL   Katiuska: romanza «Noche hermosa»

3. Ruperto CHAPÍ   Las hijas del Zebedeo: romanza «Al pensar en el dueño de mis amores»

4. Amilcare PONCHIELLI   La Gioconda: «Danza de las horas»

5. Ambroise THOMAS   Mignon: aria «Je suis Titania»

6. Amadeo VIVES   Preludio del 2.º acto de Maruxa

7. Pablo LUNA   El niño judío: canción española «De España vengo»

8. Johann STRAUSS II   Die Fledermaus: aria «Mein Herr Marquis»

9. Luigi ARDITI   Il bacio (vals vocal)

Sin Gerónimo Giménez y Bellido (Sevilla, 1854 – Madrid, 1923) la eclosión del sinfonismo español del xix no habría sido igual, ni la escuela nacionalista hubiera tenido unas intenciones y unos propósitos tan claros. Aunque compuso cierto número de obras sinfónicas y de cámara, su verdadera y total pasión la sintió por la zarzuela, con la que creció como músico y que conocía a la perfección, y así se dedicó en cuerpo y alma al género chico (chico no por las aspiraciones artísticas, sino por el formato, pues eran zarzuelas en un solo acto). En total, Giménez acabó componiendo un centenar de zarzuelas caracterizadas por la vitalidad y variedad de sus motivos y ritmos y por una grandísima maestría orquestadora. Algunas de ellas —La boda de Luis Alonso, 1896; El baile de Luis Alonso, 1897; La Tempranica, 1900, o La Torre del Oro, 1902— han alcanzado fama perdurable y son ya clásicos que se interpretan regularmente. La Torre del Oro es una zarzuela en un acto en la que, como solía ser habitual —y más, si cabe, tratándose de Gerónimo Giménez—, la música está muy por encima del texto (que, en este caso, no deja de ser un mediocre folletín de los libretistas Miguel de Palacios Brugueras y Guillermo Perrín Vico). Especialmente célebre sigue siendo aun su Preludio, un auténtico encaje de bolillos que mezcla pasajes solemnes con otros que rememoran malagueñas, zapateados y fandangos, y en el cual se puede advertir un andalucismo rotundo y lleno de pasión a la vez que vital y preciosista. No estaría de más aclarar que, contra lo que se pudiera suponer, el título de la obra solo hace referencia al popular monumento sevillano indirectamente, pues ‘la Torre del Oro’ es el mote con el que se conoce a Rosalía, una de las protagonistas de la historia, llamada así por su esbeltez y gallardía.

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Portadilla de La Torre del Oro junto con un retrato de su autor.

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